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Date: Sun, 2 Aug 2009 14:46:19 -0300
Subject: [infovox] Clemencia
VOXINAS
Primera de agosto 2009
Poemas / Rosquetas culturales
Bahía Blanca / Buenos Aires / Argentina- Email: senda@criba.edu.ar
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No se por que me levante pensado en Clemencia Tariffa. Una poeta hermosa, cuya hermosura se potencia al leer sus textos y ver simultáneamente la única foto que se conoce de ella, cuando aún era una nena de la escuela primaria. La voz poética de esta colombiana desconocida, o no todo lo difundida que se merece, guarda estrecha relación con poetas latinoamericanas que tal vez no se haya leído nunca, como Marosa Di Giorgio o Carmen Ollé. Quizás la extraña conexión que da compartir una sensibilidad frágil e intensa.
Clemencia Tariffa nació en Codazzi, Colombia, 1959 y a los ocho años fue llevada por su madre a vivir al puerto de Santa Marta. Publicó en 1987 su libro El ojo de la noche, y Obtuvo en 1994 el Premio Latinoamericano de Poesía Koeyú (Caracas) y el Premio de Poesía del Instituto de Cultura del Cesar. Ediciones Exilio publico en 2006 su segundo libro Cuartel.
Actualmente esta internada en un hospital psiquiátrico, donde fue alojada desde la muerte de su madre. Cuando esto sucedió, Clemencia fue acusada de matarla y sufrió por ello varios ataques verbales, periodísticos e incluso físicos, de los que tuvo que ser socorrida por amigos, hasta que el informe forense determino que la muerte de la anciana se produjo por un paro cardiaco.
Por alguna razón, que no alcanzo a dar a luz, hoy pensé constantemente en esta poeta maravillosa, en la invocación de la fragilidad que nos llega ya desde su nombre y en su vida trágica y atormentada, incluso, talvez, hasta por la misma poesía. Un tema recurrente que me asaltar, ahora que lo pienso. G.L.

Vacío
En las noches
de mis días,
maullando,
mendigo
un trocito de luna.
¿Y qué he conseguido?
Carta de la ansiedad
Señora:
Cómo haría para decirle
que cuando usted está a mi lado
yo quisiera gritarle
que de su marido estoy enamorada
y los instintos me van devorando.
Señora:
Por su marido me detuve en dulce sueño
para convertirme por momento en fiera.
Mas no se preocupe señora:
él ni siquiera lo sabe.
Y yo soy incapaz de insinuarle,
fue la musa de Shakespeare
la que amablemente estuvo enamorada.
¡Ay señora de canción común!
Cómo le diría sin ofenderla
que usted ya no me inspira respeto
ni cuando la miro besando a su marido;
yo solo aspiro a ser ladrona
en ese rico trigal del que usted es dueña
-y desde hace rato compró-
Pero si deja de cuidarlo
robaré limpiamente su más dorado grano.
En mí el resentimiento se va hinchando.
Eso sí.
No se asuste mi señora
si las campanas cambiaron de tono,
que no es mi corazón el que está repicando,
solamente las agujas que ya no soportan el silencio
y por eso quieren salir del pecho.
Disculpe usted, señora.
Trotando por el más verde y mullido de los pastos
Anoche salí al patio, me sentí observada; recosté las caderas sobre el húmedo césped y la cabeza reposó en la malva; el patio está lleno de malvas, sucede cada vez que llueve. Miré al cielo. Había un gran retazo de pana y en una esquina pendía la cacerola de aluminio más grande que jamás haya visto caribeño alguno; brillaba tanto como acero caliente. Esa luna me miraba y me veía diminuta, ¡qué simpática debí parecerle!
Pero la noche se fue poniendo helada. Me fui a acostar. En el techo de mi cuarto hay cuatro goteras; me gusta dormir libre de ropa; sobre la piel, mis vellos. Las gotas resbalan en fila india; justo encima del vientre cae una; es grande y fría; pero me enrosco, parezco un erizo marino, redondo, crispado.
Amaneció y volví al patio. Ahora voy hasta el ciruelo macho; cómo me agrada masticar sus hojas. Entre los huequitos del milimetrado follaje he metido mis largas uñas, y un montón de florecillas que del guácimo se desprenden, caen precisas en la taza que mi otra mano ha formado.
El sereno empieza ahora en octubre, pero sus tardes son tan calientes que aumentaron mi deseo de amar. Decido entrar, desnudarme y regar aceite para niños en mis ojos pintarrajeados. Luego recuesto mi delgado cuerpo en el blando sofá, casi no lo siento; a veces creo que mi poroso cuerpo se confunde con la espuma. ¡Vaya si es delgado! Pero entras tú por el portón trasero como un caballo en corral ajeno. Y yo, que siempre, siempre estoy seca, voy humedeciéndome; aguadas columnillas destila mi frente; procuro evitar tanto gemido, pero me confundo. Ya no sé si eres un potro, o simplemente vas trotando por el más verde y mullido de mis pastos.
Señoras
Señoras con rostro plegable
que ayer oísteis mis poemas
y esta mañana
nos tropezamos en la calle.
Me miráis de reojo
como a un raro animal,
como a buitre verde,
y volteáis la cara
meneando el caderaje,
musitando sandeces
…!vaya!...
siento un placer casi morboso
manteniendo esposas en ascuas.
Parece mentira, pero,
en mis poemas
no figuran sus maridos.
Hacer una flor es estampar una sonrisa alada.
Una orquídea finge el secreto coqueteo de la luz,
como si una mujer pudiera moldearse en un parpadeo.
La astromelia es el lecho acunado por la lluvia,
el cultivo del agua es salmón y violeta.
Pero no puede ser híbrida la belleza, es el principio del engaño
que no por fastuoso causa menos dolor.
Tanto hay que descubrir, para qué deformar
la fragancia de la rosa, el encendido amarillo del girasol.
Mi mano es cuidadosa con el ángel,
no es repetible su encanto ni su olor.
La tierra que abono, el tallo que vigilo,
la hoja que acaricio, son los mensajes del milagro,
las formas secretas de mi alma
Ven a mí
hoy día de la flores,
que en mi patio han nacido diezdeldias
y se desgajan las granadas,
así como en el campo
han crecido las lluvias de oro,
los azahares y clavellinas.
ven a mí,
hoy día de las flores,
que mañana
de tanto ahuyentar la primavera
quizá no vuelvan a crecer las trinitarias.
Senos
Suaves, pequeños y tiernos
siempre erguidos, siempre firmes.
Senos de carne blanda
grácil figura y vaivén excitante,
que invitan a probar
las delicias de la tez canela.
Tallados sin aguja, ni cincel
sobre musgo secreto
son montes cubiertos de azúcar
para una boca insaciable
En mis ojos polarizados
se reflejan cometas rojas
de largas colas
parecen cabellos,
volátiles figuras,
pájaros escuálidos.
Recuerdo, los lunares
de mi amante.
Sepia
Una hebra de cabello
un crespo vello púbico
¡oh cuánta melancolía!
Yo no puedo pedir
un aro de Saturno
para mi delgado puño
ni una cinta de agua
para amarrar tristezas.
En cambio
sí puedo ofrecer
la excitante abertura
que centra mis labios
Velada
¡Hermosa luna de volcanes!
esta noche no tiene luna
sin embargo
escribo y hablo
a la sombra
que ocupaba su lugar.
¡Dulce luna de azúcar!
azúcar en terrones
cubre tu rostro
con un velo seguro
porque de noche
salen los niños
sobre hormigas doradas
y creerán tener derecho
sobre ti.
¡Cóncava luna de agua!
yo estoy aquí
en una patria infiel
en la mira de tus ojos
en un mecedor azul
triste y desnuda
cantando
frente al espejo
Misiva
Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas como en las fábulas, ante todo, si quien escribe niebla en un país de maravillas tempranas. Y tal vez un malecón de algas conserve en mi cerebro verde como han vivido las letras en las mismas cartas leídas, pues si en realidad existe un Dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás quise otra cosa diferente.
Por supuesto, me siento más húmeda que una manzana rosada, después de leerte. Reconociendo ser más tímida, pero no por eso he olvidado las cigarras, ni mucho menos escribir poemas, por supuesto, cuando le escribo al poeta.
Gracias por la sinceridad
de ser un amigo de mis tardes
y decir que no es la misma estrella
la que hoy me mira
con picardía, con envidia.
Quizá te gusten mis huesos,
pero en el horario que firmaste
debes estar con ella.
Sientes que no es amor de mañana
sino un dilema de Pegaso;
hoy tendrás los ojos
como el anciano
Chantaje
Que se alboroten lindas mariposas
sobre nuestros cerebros cálidos
mientras van los pensamientos
que tanto amo
chantajeando un país entero,
y por los corredores oscuros
se incendien siempre
un par de senos pequeños
entre sus manos jugosas.
Junio
Nosotros no fuimos artistas de cafetería
Necesitábamos más espacio
para crear nuestra poesía,
de cuarto barato y sin velas
o de cuerpos untuosos en la arena.
Hace tanto ahora
y junio palabreando continúa.
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